"La trampa acecha en las palabras
o La escritura poética de Roberto Genta",
a propósito del libro Fractal*

                                                  Gerardo Ciancio


"no habrá cosecha
has gastado tu vida
sembrando estrellas"
Roberto Genta

"podría arruinarlo con una fotografía"
Eduardo Curbelo**



"Fractal": Podría conceptualizar este sustantivo (que también funciona como adjetivo) poéticamente, citando dos versos del libro que tengo en mis manos:

"este libro nunca fue escrito / estaba aquí  sobre la cama del hotel"
Pero intentaré caracterizar la voz "fractal", con un prurito más "académico":
FRACTAL: Del francés, fractal, voz inventada por el matemático francés B. Mandelbrot en 1975, y del latín fractus, quebrado. En las ciencias Físicas  y Matemáticas el fractal  es la figura plana o espacial, compuesta de infinitos elementos, que tiene la propiedad de que su aspecto y distribución estadística no cambian cualquiera que sea la escala con que se observe. Hasta aquí la ciencia, esa incertidumbre que no cesa. Y la otra incertidumbre, la poesía, una suerte de certeza impensable antes de su ocurrencia:
no hay pájaros ahuecando la noche

solo el viento podría detenerte
escondida flecha del deseo

Soberbio sería no reconocer a quien primero observó este visión "fractalizada" del poema en un extenso texto de Roberto Genta: Bruno Antognazza. El  poema es Amecedario, en versión CD, el cual creo que si Herrera y reissig hubiese tenido los recursos tecnológicos y las ganas de hacerlo, encabezaría con su Tertulia Lunática esta tradición del fonopoema lúdico y cerebral.
Citaré las palabras de Antognazza en aquella presentación del cdpoema :

"A medida que va transcurriendo el tiempo real, se corrompe cualquier intento de establecer una relación de causalidad: no existe la simetría newtoniana en un poema que crece con una rapidez que depende de su propia extensión, donde la irreversibilidad del tiempo se manifiesta en el aumento de la entropía emocional de un autor que, paradójicamente, va gestando una obra que sucumbe ante los atractores estéticos, seduciendo al entorno académico tanto como al afectivo. Amecedario es caótico porque su resultado fue, además de susceptible a sus condiciones iniciales, demasiado sensible a las pequeñas perturbaciones emocionales -amores y desamores- en la azarosa historia de su autor.
Pero también lo es porque el corte transversal de cualquiera de sus versiones permitiría visualizar los mismos fractales morfológicos que pueden percibirse en esta última versión. Ver a Amecedario recorriendo más de una década dio la posibilidad de ver las divergencias en lo inmediato, luego de cada corrección o reescritura infinitesimal. Pero si hoy tuviéramos todas las versiones que hubiera alumbrado cada bifurcación, la separación exponencial de los eventuales resultados, reconoceríamos la armonía, la similitud, y el orden que caracteriza el comportamiento caótico. Y como en las turbulencias, en los remolinos que se dibujan en los hilos de humo de distintos cigarrillos que los hacen simultáneamente diferentes y a la vez iguales, así expresa Amecedario las turbulencias de sus versos de amor."
En aquel entonces yo pensaba lo siguiente de Amecedario, ideas que hoy aún suscribo:
"Amecedario se incorpora -desde 1987, año de la publicación de su primera versión- a la tradición del poema extenso que inauguró Julio Herrera y Reissig con la Tertulia lunática, donde los signos del lenguaje son tensados y arrojados a límites imprevistos de sus posibilidades significantes y conceptuales. Poesía de exploración, poema casi somático, torrentoso y apoyado en el vértigo verbal no caotizado en la enunciación, en sus "versículos que verduguean lo vernáculo". Amecedario propone un texto sobre la propia creación y sus riesgos, sobre la saga amorosa de un amador enredado entre los tejidos del verbo y de una sensualidad inundante, sobre el testimonio de la escritura como vocación y destino.
Amecedario comulga con una suerte de entorno poético que se dibuja en las dos últimas décadas en nuestro continente: Sobre vivir del peruano Mirko Lauer, Cadáveres de Néstor Perlongher, El jardín de los poetas de Leónidas Lamborghini, por citar parte de ese corpus que monta otro escenario en el campo de la lírica latinoamericana.
Roberto Genta encastra sus piezas, juega a ordenarlas en un orden que no es estrictamente el del código de la lengua y hace fluir su discurso que desafía y succiona al lector."

Termino las citas, y retorno a este Fractal, que no es otra cosa que la parte por el todo en la obra completa de Genta. Pero también es otro libro, un libro otro en el que el poeta se repite y no.
Me quedo, entonces, provisoriamente, con la voz latina fractus, con la fractura, esa acción y efecto de fracturar, esa rotura de un hueso, esa raja en el discurso, ese corte en el talante sensible del lector. La parte del  hueso que queda reducido a fragmentos menudos. La parte del verso que se desmenuza. El efecto de lectura que avanza con una reversa infinita. El aspecto del fractal no cambia, tampoco el de la sintactización de las palabras en el texto. Textura inmóvil que mueve a emoción y fractura:

el niño sonríe
la madre sonríe

ha nacido el abismo implacable
cercado por el miedo de la sangre

Estamos en presencia de un poeta "fracturante / fractante": no es el lugar de la fragmentación, sino del quiebre abrupto y de la dispersión infinita en un espacio finito.

¿Qué fractura? ¿Dónde se fractaliza la poesía?

Roberto Genta opera verbalmente como lo que podríamos denominar un "dirty poett", con reflujos del beatnik, del hard rock, con ecos de lo que alguien denominó la "lumpenpoesía". Pero yo llamo a Genta: poeta original. Original en el tratamiento poético de los tópicos más visitados por la historia de la cultura. Pongamos, por ejemplo, el amor:

el amor mide el salto
la distancia
los movimientos pendulares en el aire

mide la distancia del salto
nunca
los imantados ojos del abismo

o bien este otro breve poema

no había más
que una puerta amor mío

una puerta cerrada


Poeta original: origina una fractura en la expectación lectora, en la experiencia previa que acumulamos como lectores y es origen de un mundo propio, intransferible, del que muchos sentidos, más allá de que accedamos a otros, no se muestran, se esconden, se fractalizan. Ese fractus, ese quiebre no elude la emoción, la alude. En el poema que llevaba la aclaración parentética "Así escribo mis poemas", enunciado mediado por la ironía, el locutor lírico dice:

sentado en el silencio
bebiendo azufre
solo
tembloroso
abriendo las ventanas
para arrojar la mano
y esconder la piedra 

Roberto Genta sabe que la poesía es trabajar en el lugar de la intersubjetividad y que el poeta, en tanto sujeto histórico ocupará en ese circuito de comunicación un no lugar (por eso el acápite de Selva Casal en el poema que cierra el libro: "para nosotros no habrá nunca lugar").
Este programa poético, que anda por el cuarto de siglo de ocurrir en el papel (pienso en De puño y letra, publicado en 1986, y en textos anteriores aparecidos en revistas), da cuenta de este axioma: poesía es palabra que emociona, entiéndase que promueve una alteración del ánimo intensa y pasajera, agradable o penosa, que va acompañada de cierta conmoción somática. Palabra que gestiona en el lector un interés expectante, participante en eso que está ocurriendo, y que hemos llamado "poema":

una fisura en los cimientos

pájaro que de pronto cae
en mitad del vuelo
o copa de sangre
que se derrama en las sábanas

así el desencuentro:
fruto negro
de una un negro árbol
que va escribiéndonos
por dentro

Cualquiera que recorre la bibliografía poética de Roberto Genta (y quizás quien se asome a su novela El cerco o algún cuento que anda por allí disperso) descubra su doble concepción del mundo. O mejor, su mirada sobre la realidad fracturada, fractalizada, incluso,

hay dos mundos ocupando el mismo lugar:
el de la realidad y otro que repite nuestro miedo
o hay dos mundos: el de las anticipaciones
y éste en que escribimos lo escrito
en el que bebemos de un vino que ya no existe
donde damos muerte a la muerte.
 

Este texto, en su potente brevedad, guarda los secretos de la vida, la muerte, la percepción alterada (o no) de la realidad. Realidad escrita, sobre-escrita, siempre inconclusa, presentada a nosotros como el fractal del paradigma físico-matemático. Una realidad infinita, una realidad misma/otra.

                                         Montevideo, Barrio Palermo, verano del 2008


*  El libro fue presentado el 12 de marzo de 2008 en el Palacio Taranco por Felipe Michelini, Jorge Meretta, Melba Guariglia y Gerardo Ciancio
**  Acápite de la una versión del libro Fractal fechada en 2003, que conservo en mi archivo personal.